El estrés térmico en ganadería: un desafío creciente para todos los sectores

Con la intensificación de los episodios de olas de calor, el estrés térmico se impone como uno de los principales factores de riesgo en producción animal. Afecta de manera duradera a la salud, el bienestar y el rendimiento de los animales y, por tanto, a la rentabilidad de las explotaciones.

Un fenómeno que va más allá de la simple temperatura

¿Qué es el estrés térmico?

El estrés térmico se produce cuando los mecanismos de termorregulación de los animales se ven desbordados. Su intensidad no depende únicamente de la temperatura: la humedad desempeña un papel igualmente determinante, de ahí el uso del THI (Temperature Humidity Index) como indicador de referencia.

Un THI elevado puede exponer a los animales a un estrés severo, incluso con temperaturas aparentemente moderadas.

La sensibilidad varía según las especies: algunas disipan mal el calor, otras lo producen ellas mismas a través de su digestión. Los animales con metabolismo elevado, especialmente en crecimiento, lactación o reproducción, son los más vulnerables.

¿Por qué convertirlo en una prioridad?

El estrés térmico desencadena una serie de mecanismos en cascada: reducción de la ingesta, alteración intestinal, estrés oxidativo y desequilibrios electrolíticos.

Estos mecanismos se traducen en una degradación del rendimiento de crecimiento, una caída de la producción lechera, un deterioro de la fertilidad y una fragilización de la inmunidad.

Estos efectos se instalan a menudo antes de cualquier signo visible, lo que hace que la anticipación sea decisiva.

Con el calentamiento global y el aumento del número de días de riesgo, actuar sobre el estrés térmico se ha convertido en un desafío estructural para la salud animal y la rentabilidad de las explotaciones.

Gestionar mejor el estrés térmico permite:

  • Preservar el rendimiento productivo limitando las pérdidas de crecimiento, producción lechera y fertilidad en los periodos de mayor riesgo.

  • Asegurar la salud animal reduciendo el estrés oxidativo, los desequilibrios intestinales y la fragilización inmunitaria.

  • Mantener la rentabilidad de la explotación evitando los sobrecostes relacionados con las caídas de rendimiento, los tratamientos y las mortalidades.

  • Anticipar un riesgo climático creciente estructurando una respuesta sostenible frente al aumento del número de días de riesgo cada año.

Una sensibilidad influenciada por varios factores

Las consecuencias del estrés térmico no se expresan de la misma manera según los contextos. Resultan de la interacción entre varios factores:

  • La especie y el estadio fisiológico

    Las fases de alta demanda metabólica (crecimiento rápido, pico de lactación, gestación, periodo de puesta) amplifican la sensibilidad de los animales y agravan el impacto en los resultados.

  • La salud digestiva y metabólica

    Un animal cuya integridad intestinal está alterada por el calor aprovecha menos lo que ingiere, generando una degradación del rendimiento.

  • Las condiciones de cría

    Ventilación, densidad, acceso al agua, gestión de los horarios de alimentación… Todos estos parámetros modulan la intensidad del estrés experimentado.

Actuar sobre el estrés térmico implica, por tanto, un enfoque global: adaptar las condiciones de cría, ajustar la ración, anticipar los episodios de riesgo y movilizar soluciones nutricionales específicas.

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