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El inicio de la lactancia es una de las fases más exigentes en la vida de un animal productor de leche. También es una de las más determinantes: lo que ocurre en este periodo condiciona el rendimiento productivo, el estado corporal de la madre, la calidad del calostro y el buen arranque de los recién nacidos.
Una buena preparación previa, combinada con un seguimiento nutricional riguroso, marca la diferencia.
El arranque de la lactancia es un momento de intensa transición fisiológica: el organismo materno debe recuperarse del estrés generado por el parto, afrontar un rápido aumento de las necesidades relacionadas con la producción láctea, incluso cuando la capacidad de ingestión sigue siendo limitada.
En algunas especies, esta fase también se acompaña de la preparación de un nuevo ciclo de reproducción. Este desajuste entre necesidades e ingestión debilita a los animales y aumenta el riesgo de desequilibrios.
Las consecuencias de un arranque de lactancia mal gestionado pueden afectar duraderamente el rendimiento de la explotación.
En rumiantes, los primeros 100 días de lactancia concentran la mitad de la producción total: un pico de lactancia insuficiente no se puede recuperar después. En cerdas, una lactancia insuficiente es el segundo criterio de descarte, justo después de los problemas de salud.
En ambos casos, las repercusiones van más allá de la producción láctea: la vitalidad de los recién nacidos, la calidad del calostro, el crecimiento, el estado corporal materno y la rentabilidad global de la explotación están directamente afectados.

Maximizar el rendimiento productivo favoreciendo una subida de leche exitosa y manteniendo la producción durante todo el periodo.
Preservar la salud de las madres limitando los desequilibrios nutricionales, las enfermedades metabólicas y los trastornos del periparto.
Asegurar un buen comienzo para los recién nacidos gracias a un calostro de calidad y una producción láctea suficiente.
Mantener el estado corporal de las hembras para asegurar el rendimiento en el siguiente ciclo de producción.
Mejorar la rentabilidad de la explotación evitando las pérdidas relacionadas con las bajadas de producción, los problemas de salud y los descartes prematuros.
La manifestación de dificultades al inicio de la lactancia es el resultado de la interacción entre varias dimensiones:
Los animales con un alto nivel de producción o involucrados en ciclos fisiológicos exigentes presentan una mayor demanda al inicio de la lactancia.
Una buena preparación en las últimas semanas antes del parto condiciona directamente la calidad del arranque.
Al inicio de la lactancia, las necesidades aumentan muy rápidamente mientras que la ingestión sigue siendo limitada, lo que requiere una ración muy precisamente formulada.
Las prácticas de manejo, el ambiente de la nave, la sanidad y, según la especie, el estrés térmico influyen directamente en el éxito de esta fase.
Actuar sobre el arranque de la lactancia implica, por tanto, un enfoque global: preparar a los animales con antelación, ajustar la ración con precisión y movilizar soluciones nutricionales adaptadas para superar este periodo sin comprometer la salud ni el rendimiento.
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